Buscaba el rumbo de mi vida y me encontré con este blog.
Una mañana desperté e imaginé la posibilidad de mudarme a vivir a otra ciudad. Sentí cómo todo mi cuerpo se encendía mientras dibujaba el escenario en mi cabeza.
¿Les ha pasado? Es como si una corriente de energía les recorriera de pies a cabeza. Y de inmediato una sonrisa se dibujó en mi rostro.
Supe entonces que esa era mi señal. Era mi: “escucha a tu cuerpo” o: “el corazón no se equivoca”, frases que había escuchado ene cantidad de veces pero que no me hacían sentido hasta ese momento.
Cuatro meses después de sentir toda clase de sensaciones en mi cuerpo como alegría, incertidumbre, ilusión, frustración, miedo, desesperación y ansiedad, estoy más cerquita de la que será mi próxima ciudad por explorar.
Y no es que sea la primera vez que decido mudarme de ciudad, pero sí es la primera vez que mi trabajo no define el lugar geográfico en donde voy a vivir.
Esta sí es la primera vez que decido escuchar a mi corazón para entender qué es lo que quiere, soltar el «¿qué dirán?» y hacerlo realidad. Y la neta, ¡qué chingón se siente! ❤️🔥
Han pasado cosas bravas desde aquella mañana mágica: compartir la noticia con mi círculo del amors, concretar citas, visitar depas, descubrir en cuál me veía, iniciar el proceso de solicitud de renta (sí, con todo y aval incluido), comprar muebles, preparar la mudanza, prepararme emocionalmente…
¿Quieren que les comparta cómo viví cada etapa? Los leo con una sonrisa de complicidad en el rostro.
Hoy es 19 de agosto de 2022 y aún escribo desde la Ciudad de México. Son las 23:19 hrs.
Yo creía que el proceso para rentar un inmueble en la CDMX era la peor pesadilla de la vida adulta. Pero recientemente comprobé que no es propio de la CDMX y que tampoco es la peor pesadilla. Aquí va un poco de cómo ha sido mi experiencia:
Hace cuatro meses (cinco ya) decidí buscar una alternativa para mudarme a vivir a otra ciudad en provincia. Y comencé, como buena millennial, buscando en google: “departamentos en renta en…”.
Los precios, por supuesto, me deslumbraron. Otro pedo 🤙🏼
Encontré un montón de opciones de casas y depas mucho más baratos que lo que actualmente cuesta vivir donde vivo en la Ciudad de México (vivía). Y el fueguito en mi corazón se avivó.
Las notas en mi celular guardaban listas larguísimas de enlaces con opciones para rentar. El reto fue mi desconocimiento de las ubicaciones. No es como si me dijeran tal o cual colonia en CDMX y yo saber si me gustaría vivir allí o no.
El proceso fue evolucionado. Primero veía los precios, luego veía con atención las fotos, porque ustedes saben que juzgo al libro por la portada. Y se vale. Entonces veía la ubicación y, como en la mayoría de los casos no ubicaba, comparaba cuánta distancia había del inmueble al Estadio de la ciudad 😅 (Es chistoso porque es real).
También me puse a buscar listas en blogs sobre lugares de interés. Primero los que la ciudad recomienda a través de su secretaría de turismo, los clásicos, y luego hice la lista de lugares que a mí me gustaría visitar.
Por ejemplo, lugares que siempre busco cuando quiero conocer una ciudad:
- Cafeterías
- Cinetecas
- Restaurantes cool o «con ondita» (whatever that means to me).
- Museos
- Parques
- Estadios (futbol y béisbol)
- Universidades
Abrí Google Maps y agregué todos los lugares que me llamaban la atención a mi lista «Por visitar», así me di cuenta que mi mapa se llenó de pines en una zona muy específica y entonces empecé a buscar depa cerca de allí. Gran truco.
También apliqué la vieja confiable de: «Qué hacer en ___» en YouTube, pero nunca quedo satisfecha con los resultados porque los Influencers siempre van a los mismos lugares 🙄
Así que me puse a buscar cuáles lugares visitan las personas que viven en esa ciudad, que no sean influencers. ¿Y dónde encontraría las joyas más bonitas? En los tags de Instagram.
Hice una colección de guardados en Instagram con todos los lugares que quiero conocer para desayunar, comer o echar café. Y el fueguito en mi corazón siguió creciendo.
A la par comencé un tablero en Pinterest con las inspiraciones de decoración por área de un depa:
- Recámara
- Sala
- Comedor
- Cocina
- Cuarto de lavado
- Hacks de organización
- Iluminación
- Terraza
- Estudio
Y todos los días iba llenando mis categorías, hasta entender (¿descubrir?) con cuál estilo me siento cómoda.
Y entonces sí, visité de manera virtual toooodas las tiendas habidas y por haber de muebles en México para ir armando en mi cabeza la decoración ideal.
Compré un par de cosas en oferta (jsjsjsj) y eso ayudó un poco a calmar mi ansiedad y angustia por la incertidumbre de: «¿en verdad lo voy a hacer?». Y pues sí.
Si se preguntan cuándo supe que realmente lo haría, diría que cuando compré mi sala y pedí que me la llevaran a la nueva ciudad. Mi corazón se detuvo un momento: «Lo va a hacer».
Long story short, pasé meses de estar muy inquieta, de querer que las cosas pasaran más rápido, de soñar e imaginar cómo quiero que se sienta esta nueva etapa y de frustrarme porque no llegaba la hora.
También me ocupé de armar mi presupuesto, de ahorrar e invertir mis recursos; limpiar mi closet, sacar lo que ya no quiero que me acompañe en mi nueva etapa y organizar por categorías la mudanza.
En mis días de descanso del trabajo estuve viajando a la nueva ciudad para ubicar sus barrios y descubrir si realmente me veía viviendo allí.
Tuve un par de citas para ver depas y encontré lo que buscaba 💖 En una semana comencé el papeleo. Me pidieron aval y referencias. Sí, amigos, el temible aval que en CDMX me fue imposible conseguir hace unos años.
Quiero cerrar este relato compartiendo esta experiencia. Conseguí aval de la manera más amorosa y bonita ever y me sentí plenamente agradecida, dichosa y afortunada. Mi suegro confió en mí y le apostó a este sueño que tuve una mañana que desperté e imaginé la posibilidad de mudarme a vivir a otra ciudad.
Like para parte 2 🤪
Recuerdo las noches de insomnio, de lágrimas interminables, de pensamientos que pesan en el alma y taladran el corazón; noches de profundo dolor que creí infinitas. Y recuerdo haberme sentido decepcionada de mí por llorarle a un amor que no me quería en su vida. Sentía que no valía lo suficiente para que alguien me quisiera a su lado. Creí que lo había dado todo de mí y, sin embargo, no había valido la pena, por eso las personas terminaban por alejarse.
Y pese a todo, me esforcé en encontrarle sentido a lo cotidiano de la vida: reflexionaba en mis caminatas rumbo al trabajo, en el café de las mañanas, tardes y noches; me emocionaba cada oportunidad de conocer gente y lugares nuevos. Disfrutaba sentir ese calorcito en mi pecho cuando me enfrentaba a lo desconocido. Me arriesgué, experimenté y lo disfruté todo, sin miedos que me paralizaran.
La vida, el destino, Dios o todos juntos fueron muy generosos conmigo, al ponerme acompañantes en ese largo transitar. Nunca estuve sola, incluso en las horas más oscuras.
Aprendí a valorar mi capacidad de dar amor y ser sincera desde el corazón, con todo y lo rota que me encontraba, pues a pesar de lo complicado del camino siempre tuve razones para sonreír. Agradezco infinitamente por ese don.
Hace un momento releí la carta que me envió ___, donde confiesa que en realidad sí me quería en su vida y me pide perdón. Lloré, nuevamente, desde lo más profundo de mi ser y pensé: ya ni siquiera recuerdo cómo se siente estar en una relación.
No me mal entiendan. No me siento sola, no extraño la relación que tuve con ____ ni pienso en regresar con él. Solo me gustaría encontrar un amor bonito que no tenga miedo a darlo todo, todos los días. Un amor que nazca desde lo más profundo del corazón y no tenga espacio para las dudas.
Pero tranquilos, que no llevo prisa. Seré paciente y esperaré a que llegue quizá en las próximas navidades. Mientras tanto, seguiré disfrutando de ser feliz por mi cuenta. I’ll keep dancing on my own.
Gracias por leer esta carta. La escribí desde lo más vulnerable de mi ser, después de haber llorado, con síndrome premenstrual pero sobretodo: la escribí desde el corazón.
Diana.
Hace un tiempo terminé con el corazón hecho pedazos. Roto es poco, hecho polvo. Y me di por vencida. Supe que el dolor era tan profundo que no bastaba con aguantarse las ganas de llorar. Lloré y lloré y lloré en silencio hasta sentir que la cabeza me explotaría. Sentí náuseas y un vacío que me oprimía el pecho.
Mientras viajaba por carretera contemplaba el paisaje. El cielo estaba despejado y tenía un tono azul tan intenso al que no estamos acostumbrados en la ciudad. Me reí porque años atrás guardé esa imagen en mi cabeza, la primera vez que visité aquel lugar. Supe que sería la última vez que lo contemplaría y pensé en la representación del tiempo, como si de un perfecto círculo se tratara; inicio y fin. Las lágrimas rodaron nuevamente por mis mejillas.
Empecé a tomar pastillas para dormir. Tomé una y me perdí en el efecto, pero desperté y el paisaje seguía allí, como un doloroso recuerdo. Tomé otra y volví a mi estado de negación, y luego otra y otra y otra… hasta que acepté que estaba rota pero ya no quería estarlo. Y decidí enfrentar mis demonios.
El resto no ha sido fácil, pero no me arrepiento de nada. He tenido días de gloria y días en los que no me reconozco en ningún reflejo. ¿Pero qué es, si no cuando crees que no puedes caer más bajo, lo que te ayuda a valorar la felicidad?
Me da un chingo de gusto poder plasmar en palabras lo que pasó, porque no es fácil aceptar cuando te va de la chingada pero ¡ah qué bonito se siente decir: The dog days are over! ✨
Tenía 15 años cuando creí estar enamorada por primera vez. Fue una de las ilusiones más chingonas de mi adolescencia y aunque han pasado más de 10 años, lo recuerdo y siento un calorcito en mi pecho.
Recuerdo haber acaparado la línea por horas para conectarme en Messenger y platicar con él, todos los días, religiosamente. Y nunca era suficiente.
Las cosquillas que sentía cuando aparecía el “Fulanito acaba de iniciar sesión”. Y la sonrisa que me guardaba después del “platicamos mañana”.
Intercambiábamos canciones de Jorge Drexler y de Soda Stereo, todas la tardes. Nunca supo lo que sentía por él y aún así me cambió la vida.
Todo muy chingón. Al cabo de unos años perdimos contacto, hasta que un día me animé a escribirle un mail por su cumpleaños ¡y la sorpresa que me llevé al recibir su respuesta! Las mariposas seguían ahí.
Mantuvimos comunicación a la distancia por varios años más. Ahora estaba casado y había formado una familia, que dicho sea de paso, muy bellos todos.
Hace poco escuché una canción que Drexler compuso en agradecimiento a quien le cambió la vida, y volví a pensar en él.
Porque nunca supo lo que sentía y aún así me cambió la vida. Aprendí que para amar no es necesario ser correspondido y que siempre, inevitablemente, uno recibe lo que da. Como diría Drexler: nada se pierde, todo se transforma ✨
Sólo paso a informarles que esta tarde experimentamos Arqueología: biología, de Anish Kapoor, en el MUAC ¡y nos encantó! Neta vayan a visitarla, uno hace semiosis ilimitada. #KapoorEnElMUAC ♥
Quiero compartirles esta experiencia que ha sido una de las más gratificantes de mi vida como egresada, y como fan del cine.
No recuerdo con exactitud qué nota estaba escribiendo esa mañana. Lo que sí, es que estaba lista para publicarla, cuando recibí un mensaje por inbox de mi jefa:
Me paralicé.

La vida; el destino; mi trabajo; la suerte, o como quieran llamarle, me ha puesto en lugares inimaginables últimamente. Todo se conecta de manera misteriosa, casi mágica.
Y casi siempre, todo inicia con una invitación de mi jefa: “¿te gustaría..?”, y continúa con un: “claro, sí” de mi parte. Pocas veces diré que No a algo desconocido, porque siempre hay un pretexto para aprender algo nuevo.
Esta vez la invitación no revelaba muchos detalles: “Será el lanzamiento de eBay Social y asistirán tres bloggers a la presentación”. Dije que sí. La cita fue el martes 16 de febrero en el centro de la Ciudad de México.
Al llegar al lugar me recibieron muy cordial desde la entrada. Dos chicos buscaron mi nombre en la lista de invitados y me dieron acceso a las instalaciones: ¡Bienvenida, te estábamos esperando!”
Mientras recorría el espacio a través de un pasillo, observaba a la gente que estaba reunida alrededor de algún objeto, accesorio o personaje aparentemente influyente. Todo giraba en torno a la tecnología y el ambiente me embriagaba.
Cuando mi mente regresó solo alcancé a escuchar: “She’s coming from Revista Central. Tv Azteca… Salinas Group”. Me presentaron con Johnna Hoff, directora de comunicación de eBay, con quien platiqué mientras tomaba a sorbos mi agua de maracuyá con piña: “Oh! Hi, nice to meet you”.
Platiqué con Manuel Vera sobre su blog de moda para hombres y me dio unos consejos sobre los regalos básicos para regalarle al novio; disfruté de una charla muy de frikis con Wikichava, blogger de gadgets y tecnología en el Universal, y me enamoré de la curaduría que presentó Gaby Gómez, blogger de fashion para mujeres, en su tablero de eBay Social.
Al finalizar la presentación, me despedí de quienes fueron totalmente cordiales y amables con cada invitado,y me retiré con un par de ideas para la sección en la que escribo.
Tiene como cinco universos que quiero compartirles esta entrada, pero me emocioné tanto que una simple idea se fue transformando poco a poco en algo cada vez más extenso. Lo bonito de hacer semiosis.
Todo comenzó un Throwback Thursday en Instagram. La intención era ¡presumirles! subir una selfie a mi perfil con la playera de uno de los personajes más emblemáticos de las series animadas del siglo pasado. Luego se me ocurrió googlear algunos datos para hacer más pro el asunto y llegué al meollo de la animación en stop motion para la televisión. Mi mero mole.
Y como no hay combinación más explotada hoy en día que la televisión y lo freak-geek-mainstream, hablemos entonces de A Gumby Adventure o Gomosito, como prefieran.

Esta caricatura revela más que una simple pulcritud en el manejo del stop motion, también es una ventana que nos permite conocer un sistema de valores construidos y reforzados en formato serie para un público infantil de los lejanos años cincuenta. ¿Entonces por qué es pertinente retomarla? La técnica con la que está hecha Gumby, no solo significó la innovación y la modernidad en la pantalla a finales de los 50, además, representa la estructura clásica del relato animado que incluso podemos encontrar actualmente en series como Adventure Time o Regular Show, con muchísimos más matices, por supuesto.
Antes de continuar, échenle un vistazo al primer ejercicio que llevó a cabo Art Clokey, creador de la serie, con la técnica de stop motion. Gumbasia es considerado el primer cortometraje que logró articular una serie de figuras de pastilina, los movimientos propios del videoclip y el jazz en un producto totalmente armonizado.
¿Qué tal, eh? El talento de Art Clokey comenzó a moldearse desde los primeros años de la década de los treinta, cuando él y su mejor amigo eran niños y disfrutaban formando bloques custodiados por soldados hechos con plastilina. Después de la muerte de su padre, Art fue adoptado por el profesor Joseph Clokey quien le regaló su primer videocámara con la cual registró gran parte de sus “aventuras”. Finalmente, su mayor influencia llegó durante su etapa universitaria en la University of Southern California donde conoció al profesor Slavko Vorkapich, un inmigrante de Yugoslavia, de quien aprendió los principios de la cinestésica para la animación.
“He turned my head around at USC as far as motion pictures are concerned,” Art Clokey.
Gracias a la relación tan cercana de Art con el profesor, tuvo la oportunidad de presentar Gumbasia ante el escritor y productor Sam Engel y frente a un auditorio de cien personas, aproximadamente. El productor quedó maravillado con el trabajo de Art y encargó un capítulo piloto específicamente para un programa infantil.
‘Art, that is the most exciting film I have ever seen in my life. We’ve got to go into business together.’ Sam Engel.
Y así nació Gumby Goes to the Moon el primer piloto de la serie que pueden disfrutar aquí pero después de terminar de leer el post, porfi.
En Gumby Goes to the Moon todavía no vemos un gran desarrollo de la técnica, los movimientos en las figuras se notan, son lentos y un poco torpes. La articulación sonora que vimos en Gumbasia se pierde casi por completo. Además la historia que se cuenta en el relato de 15 minutos tampoco resulta muy atractiva. Sin embargo, conforme va evolucionando la serie, los movimientos se notan más naturales, se integran nuevos personajes, se mejora muchísimo el arte en la escenografía y por supuesto, se consagran los valores que representan Gumby y el buen Pokey, su pony parlanchín anaranjado.

A partir de este piloto, los demás capítulos no rebasarán los 10 minutos y todos contarán con una enseñanza ética o moral donde serán reforzados ciertos valores como la amistad, la solidaridad, la lealtad y la responsabilidad, principalmente. Pero lo que me resulta bastante curioso es la construcción de sus villanos.
Sin villanos no hay paraíso
Gumby, Pokey y sus amigos se enfrentarán constantemente a la encarnación del mal más malvado de toda la historia de las animaciones malvadas: una especie de humanoides blockheads que a mí me resultan encantadores.

Esta pareja de villanitos tienen un laboratorio en donde son capaces de programar robots (¡qué maravilla!), clonar animales, personas o lo que se les ocurra para conseguir algún beneficio propio, que en algunas ocasiones no es muy claro, pero que se contrapone a la idea del bienestar colectivo planteado en la serie y defendido a capa y espada por Gumby.
Las características de este par de villanitos no son fortuitas, están construidos a partir de un discurso religioso adoptado por Art y su esposa Ruth Clokey en donde el detonador que rompe con el orden siempre estará relacionado con el uso de la ciencia y la tecnología. Incluso, a raíz de Gumby surgió Davey and Goliath, otra caricatura abiertamente religiosa producida por la Evangelical Lutheran Church in America que continuó la esposa de Art una vez que se separaron.
A Gumby Adventure puede reducirse a tres categorías principales como motor narrativo: unión personaje-personajes, personajes-comunidad y personajes contra la representación del mal. El ideal: la armonía comunitaria sin máquinas o cosas raras del diablo.
Actualmente, Gumby nos puede resultar poco atractivo en su sintaxis narrativa porque exigimos mayor complejidad en los relatos, incluso en las caricaturas, pero es justo en su simplicidad que nos permite delinear un contexto de producción y consumo televisivo para las cadenas generalistas de aquellos años.

Gracias por leer. Ahora sí pueden ver aquí Gumby Goes to the Moon.
Besos.
Si hay algo que me encanta hacer en la vida es ver series de televisión. Y no, no me salen ronchitas ni comparto con aquellos que la satanizan porque aseguran que nos carcome el cerebro o nos obliga a tomar harta coca cola. Sin embargo, hay eventos que por más que la televisión nos acerque, son muchísimo mejores de ver en vivo. El fútbol, por ejemplo.
Anteriormente había visitado un par de estadios de la Ciudad de México para echar el coto y sacar el estrés universitario, pero en esta ocasión fui decidida al estadio azteca para ver América-Atlas. Es la primera vez que estoy con la barra de algún equipo de fútbol, así que me pareció una experiencia padre de compartirles para empezar a hacer semiosis pambolera en este bonito blog.

Primero debo aclarar que estuve con la porra del Atlas (…) ¡Ya sé! para los que me siguen en twitter sabrán que este no es mi equipo pero al menos no son las pinches chivas mi novio es intensamente atlista y me convenció. ¡Y además! Voy a confesar, para mi enorme sorpresa, que estar con esta barra resultó ser muy divertido y enriquecedor. Ya les cuento.
Spoiler Alert: No soy la mejor narradora de fut pero sí se la mato a Rosique o a los tipos de Azteca.
Cuando cayó el primer gol toda la barra rojinegra se desbordó en un grito al unísono que contagiaba una tremenda pasión por el fútbol pero sobre todo, pasión por el equipo, por la camiseta. Puede parecer obvio pero un gol festejado en el estadio, con los aficionados, nada tiene que ver con uno celebrado en nuestro sillón favorito, y mucho menos con los alaridos trasmitidos por tv.
Se jugaba el primer tiempo y las cosas pintaban muy bien para los rojinegros que ya llevaban ventaja sobre los de Coapa. El ambiente estaba padrísimo y por supuesto ya me sabía unas cuantas estrofas que bailaba mientras ellos cantaban:
¡Dale la AKD! Disque silba*
Al medio tiempo el marcador ya estaba empatado pero la barra se sentía cada vez más viva. Sus cantos retumbaban en lo alto del estadio azteca y eran enmarcados por un dispositivo de seguridad del D.F. A pesar de eso, no hubo ni tantita intimidación, los aficionados estaban alegres y desbordaban sus gritos al unísono de Gol una vez más por las gradas del estadio.

El segundo tiempo sí que estuvo intenso. En más de una ocasión percibí los rostros de angustia y alivio al ver que el esférico salía disparado por encima de los guantes de Pinto y abandonaba la cancha. Mientras los rojinegros recuperaban el balón, Benedetto se convertía en la botana de propios y contrarios porque, aceptémoslo, el tipo falló unas que hasta…bueno, probablemente yo también las hubiera volado pero con más estilo, oigans.
Al ritmo del “óle”, el esférico danzaba de un lado a otro por los tacos de los rojinegros. Y finalmente, las gargantas de los zorros se desgarraban de felicidad por tercera vez cuando el balón tocaba el fondo de la portería que custodiaba Moi Muñoz.
No pain no game
Atlas se llevó la victoria con tres goles a uno. Los jugadores del ame se retiraron a los vestidores con un par de cosas que meditar y trabajar para el próximo partido mientras los jugadores del atlas saludaron desde la cancha a la barra que sigue a los rojinegros a todas partes (¡a todas!).

Y como todo buen aficionado del fútbol habrá asistido por lo menos una vez al estadio para ver jugar a su equipo, me dará la razón cuando les digo que el fútbol no es para verlo en televisión; es para jugarlo en la cancha o disfrutarlo desde las gradas con un montón de sujetos igual de apasionados y locos, sin cortes a comerciales, sin molestos patrocinadores llenando la pantalla a mitad de una jugada, sin narraciones espantosas y lo más importante: ¡Sin primeros planos del piojo festejando!
Pd. Para cuando publique esta entrada, Atlas habrá perdido contra los Rayados del Monterrey y el Ame habrá goleado a los Tuzos. Word!